martes, 21 de octubre de 2014

ÉCHAME DE MENOS.- (MICRORRELATO)



Y esos besos atenazados que me diste el otro día, los llevo desgarrado en mi boca desde que te desvelé mi secreto, porque me obligaste a ello, fíjate cómo me mirarías que me lo sacaste sin decírtelo vida mía, que me lo arrancaste de las lágrimas que rodaron por mis mejillas. Presentías que algo malo te contaría, y ahora tengo el alma partida, destrozada…Y te lo conté, ¡vaya que sí! Y lo único que escuchaste es que mis piernas rodearon su cintura, y que sintió el triángulo de las bermudas. Y por eso ya ni me miras ni me buscas, como si no me quisieras o es que tienes miedo de lo que he sido capaz de hacer, que te imaginas los suspiros que salieron de mi pecho cuando me abrazaba rodeándome el cuello…Y de sus besos…Los mismos besos que te di intercambiándose por los que le he dado a él antes del alba…o quizás es que te has enfadado cuando me lo callé por no hacerte más daño…Te dije que salí corriendo, que no hice nada, pero tú sigues insistiendo y ahora te has atrincherado dentro de tus maltrechos pensamientos. Te corroe la rabia por dentro y eso que no querías saberlo, menos mal que sólo te he contado un tercio, pero no te conformas con eso, que quieres saber hasta los mohines de mis gestos, la alegría de mi risa y la reacción de su cuerpo cuando lo atrapé por la cintura, ¡vaya que sí! que me doy cuenta de los entresijos de tu cerebro…Y esa mirada tuya que me habla sin palabras, esa mirada de asombro cuando me ves pasar, esa mirada es la me trae y me lleva, porque sin ni siquiera pronunciarla, me dice lo que encierras tras las tinieblas de tus noches en vela...Que me deseas y que te encantaría besarme a lo bestia, a lo salvaje y a lo que sea…No, a lo que sea no, sino a esa mujer de los pies a la cabeza, toda llena de sensualidad, ardiente y fresca...o a la vampiresa esa…esa que sacas de la esencia femenina cuando enloquece y coquetea con tu pervertida elocuencia… Porque esa mirada tuya atrapa la pasión desenfrenada de la mujer enamorada, si, esa loca aventurera que se atreve y se arriesga…Si, la que se arriesga con cada tiento del camino cuando me encuentro contigo, y ahora que no te veo tengo miedo, fíjate amor mío, cómo será éste sentir ciego que te tengo, que a veces me asaltan las dudas de pensar que a otra mujer le mires el trasero…Échame de menos, mi amor, échame de menos…No vayas a pensar que la cosa está segura y hecha, porque la cosa hecha está muerta. No me conformo con la seguridad de la pareja, sino, que quiero despertar todavía y entretanto, esa susurrante agonía cuando me entrego loca perdida…me muero, me muero...sin ti muero…y veo esa llama de fuego en tu mirada, como si estuvieras hechizado, embrujado…y loco, siempre buscándome como un loco, con los ojos fuera de órbitas, ¡vaya que sí! Que me gustan los hombres enamorados y un poco celosos…Me gusta que estés pendiente de un hilo, en vilo, latente, inseguro, con temor a perderme, porque si ya me tienes, si piensas que la cosa ya está hecha, la pasión se pierde entre mares, y sería como si me desearas menos. Me enamoré de ti por la pasión que emanaba de tu cuerpo. Ese mirar interrogante, siempre a flor de piel… Así es como me gusta vivir cada día, como si empezaras a conquistarme de nuevo y tuvieras que hacerme la ronda. Si, como cuando me vistes por primera vez. No quiero la tranquilidad de la cosa hecha, como si ya hubieras llegado a la meta, no, no, que la meta es el final de todas las aventuras y aquí hay mucho que despertar todavía… Te dije que salí pitando, que me reía y lo único que se te ha metido en la cabeza, es que lo atenacé con mis piernas, y que me rozó con el pirineo aragonés ¿qué más te da si no lo dejé entrar? Échame de menos y búscame por cada rincón del universo. Reacciona mi amor y no te quedes quieto metido en tu encierro como mecha ardiendo. No pienses, no digas nada, no me preguntes más y búscame por cada rincón de la ciudad, no vaya a ser que se te revuelvan las tripas por dentro del miedo de no saber dónde estoy, si cerca o lejos, fíjate de qué manera quiero que me eches de menos. Toda una vida queriéndote ya es mucho querer para no saber que te siento como serpiente a veneno, como agua a fuego y como demonio a su infierno, ¡vaya que sí! porque yo a ti te deseo ¿sabes? ¡Pero con deseo de comerte desde mis adentros! Échame de menos mi amor, no creas que vas a tenerme a tu lado siempre, esperándote, y cuando se te antoje verme, ni que la cosa ya está bien atada, segura y hecha, ¡ni siquiera eso! Que la cosa hecha está ya muerta, y hasta los muertos que están bajo tierra se desgarran aclamando…¡Ten cuidado con mis hijos, no me los dejes abandonados…! Y se levantan gritando pidiendo justicia, que hay días que caminando por la calle siento el aliento persiguiéndome por el aire, y se me sube por los hombros, y me recorre las espaldas y en el oído me dice... ¡Ten cuidado de los míos... no me lo dejes abandonado…! Y me entran unos escalofríos que hasta vuelvo la cabeza mirando por todas partes y sólo siento que me soplan, me soplan la melena porque se me va volando, volando…¡fíjate si no estará tan muerta esa cosa hecha! Y salgo corriendo, como alma que lleva el diablo del miedo que me invade la columna vertebral…No me dejes tirada, no me abandones a la tranquilidad de lo seguro y atado, a la cosa hecha, que la cosa hecha está ya muerta… No te duermas en los laureles como tantos hombres hacen con sus mujeres, que me gustan los amores ciegos, vaya a ser que te olvide y me tire por la calle del infierno…

lunes, 13 de octubre de 2014

EN EL VAIVÉN DE LAS OLAS.- (MICRORRELATO)



Y ahora estoy aquí dándole mil vueltas a la cabeza, no sé ni cómo empezar, tengo tanto miedo a tu reacción. Si, porque esto es muy fuerte, demasiado feo y pecaminoso pero sé que tarde o temprano tendrás que saber. Para mí es un sin vivir tenerlo tan guardado, no me gusta tener secretos contigo, fíjate, qué tontería, siempre había pensado que a los hombres sólo había que contarles la mitad de lo que nos sucede en la vida real…Hoy voy a confesarte algo que hice mal, seguro que cuando lo sepas me dejarás tirada, lo sé, es muy grave pero tarde o temprano te lo tendré que contar…Me dijiste que te había embrujado y que no podías borrarme del pensamiento, y eso me asustó más pensando que tarde o temprano tendría un final infernal, y por eso te dejé marchar como si fueran las olas del mar, porque las olas no se las pueden sujetar, se van solas y sin mirar atrás...Yo soy la ola…Si soy como una ola que se deja mecer en calma. Mis sentimientos van a la deriva del vaivén que se pierden en alta mar, donde se arremolinan en un torbellino de corrientes continuas, arrastrándome siempre a la misma orilla. Si, allí donde tus besos acarician mi cuerpo como si fueran los rayos del sol…Esos besos y abrazos que me diste ayer cuando nos encontramos de nuevo…hacía tanto tiempo que no te veía… porque yo estaba huyendo de ti, ¿sabes? Tenía miedo de encontrarte mi amor…Tengo tanto miedo de confesarte lo que he hecho, que no quiero ni mirarte a los ojos…Apenas puedo expresar tantos sentimientos contradictorios que me llevan a cometer mil locuras, pues no quisiera caer en la rutina que deterioran las relaciones esas tan bellas y estrambóticas que se leen en las novelas de amor...Me siento como la protagonista de un clásico, ¿te enteras? He leído tantos libros que mi cabeza se ha llenado de mil pájaros volando y volando y ya de por sí rechaza todo lo mediocre y cotidiano. No quisiera basar mi vida en algo común y corriente, sólo en una interminable aventura romántica donde las pasiones siempre están a flor de piel…Será que necesite continuamente esos besos apasionados y arrebatos de locura para seguir viviendo…sin más…Quizás será la edad…A veces tengo tanto miedo de descubrir hasta dónde soy capaz de llegar, es como un reto al azar que siempre está ahí provocándome a ir más allá... Si, si, atravesar la línea de la moralidad, del buen hacer, del recato, de la honestidad, porque, ¿cómo voy a saber qué sería de mi si tu me dejaras ir? Si es un amor sincero y no un rollete de primavera...o más bien de otoño…Te echaste a mi cuello como un vampiro, ¡vaya que sí! que hasta me hincaste los dientes y de entusiasmo casi muero, porque es verdad que te quiero como agua a fuego… Me apretaste tanto y tan hacia tu pecho que temí perderme para tus adentros…como si te atravesara el cuerpo… Hasta se me han quedado pegados a la piel cada soplo de tus besos, mi amor, fíjate cómo serían de intensos que parece que aún los tengo susurrándome por el cuello…Te llevo siempre en mis sentimientos, como si aún no te hubieras ido nunca de mi lado, y por eso tengo tanto miedo de que llegue el momento de que te cuente mi secreto y me digas adiós…Y por eso te dejé marchar…Me encuentro de nuevo caminando por calles y avenidas, tranquila y feliz, ¡vaya que sí! Que no te necesito para seguir mi vida tal cual amigo mío…Hace tanto tiempo que no estoy contigo que me veo y me deseo para seguir viviendo cada paso del camino… Y éste hombre que me sigue al lado, que no para de mirarme como tu, con los ojos llenos de fuego… será eso por lo que vamos casi de las manos rozando…En los lugares oscuros me atrae hacia sí y me acaricia la espalda y me gusta, ¿sabes? me gusta bastante…me entra un cosquilleo por el cuerpo…Es más joven que yo, le llevo casi veinte años, y aún no sé por qué me persigue, debe ser que le atraen las mujeres mayores…Y por eso me lo llevé a la cama, ¡vaya que sí! que me lo comí a besos antes de que le diera tiempo a reaccionar, y cuando llegamos a la puerta de su casa, me agarró por la cintura y me encaramé con mis piernas atenazándole la cintura, y empezó a darme vueltas por la sala, lo mismo que en las películas de amor…¡Cómo me gusta a mí esos arrebatos locos de pasión! ¡Me encantan! Me gustan a rabiar…Será que aún no he crecido lo suficiente, me quedé en la adolescencia…debo parecer ridícula... pero al mismo tiempo me sentía feliz y contenta…Luego empezó a desnudarse y con la prisa del arrebato, casi se tropieza y se cae… parecía algo nervioso… mientras yo indecisa, lo único que me preocupaba era que apagara la luz…Temía no gustarle, pero por su expresión supe que aquello que veía sí que le gustó, y mucho porque estaba loco por echarse en lo alto mía…entrecerró un poco las persianas y fue cuando se dió la vuelta lo vi entero y entregado…Estaba delante de mi, desnudo, guapo como ninguno, alto y ancho de espaldas, con unos brazos exagerados de musculoso, era como un dios, todo rasurado perdido, ni una pelusa en ese cuerpazo tan perfecto, ¡por Dios! Aquello parecía una mesa brillante de billar, tan sólo faltaba que yo me pusiera a jugar con el taco y las bolas…No, lo siento, no es que me gusten los hombres osos, ni gorilas, ni nada de eso, no, pero donde esté un hombre con pelos en el pecho... ¡me encantan esos ricitos asomando por ahí! Lo encuentro tan varonil… y éste muchacho tan lindo, tan bello… ¡me cachis en la mar!…No sabía si darle un cachete en las nalgas o ponerle un pañal en ese culito pelado, pero me dio una risa…tanto me reí que mi joven amigo se descompuso de tal manera que se vino abajo como una gominola… Recogí mis cosas y salí pitando de allí, ja, ja, ja…

jueves, 9 de octubre de 2014

TE DEJÉ MARCHAR.- (MICRORRELATO)



Me pierdo por calles y callejuelas, sin mirar a nadie, tan sólo el recuerdo y la gran avenida delante…Tenía que alejarme de ti y lo hice, aún sabiendo el dolor que te causaría mi amor, hasta que te cansaste y me dejaste. Me abandonaste y ahora soy yo la que te busco por todas partes sin encontrarte, fíjate, no hay quien entienda ésta cabeza loca que tengo, siempre queriéndote llevar a mi terreno como si fueras un perro. Reconozco que ya debes estar harto y te alejas, quizás hasta te pierda…Caminando estoy por todo el centro de la ciudad, si, allí donde me entremezclo con la gente para poderte olvidar…No quiero quedarme en casa encerrada entre cuatro paredes, comiéndome la cabeza pensando en ti, viendo las horas pasar sin oír el teléfono ni el móvil, ni siquiera un guasá o como se llame ese nuevo estilo de mensaje, con un simple hola nada más…Me niego a ser la esclava de mis miedos. Me niego a espiarte asomada a la ventana, fumando como una energúmena, tan sólo para ver si te veo o no te veo, mientras las colillas de amontonan en el cenicero…Me niego a perder más tiempo entre éstas teclas traicioneras, ni entrever cómo me acechan los celos... Serena y en paz, me detengo ante escaparates y edificios preciosos. Mi vida se transforma en un libre caminar, llegando el aire fresco a mis pulmones, dejando mi mente volar, sintiéndome cada día más tranquila y libre. Me gusta mi libertad, no me quiero atar a nadie que me obligue a estar siempre pendiente, como si ya no tuviera voluntad… Por eso te dejé marchar. Ya no podía seguir queriéndote como la última vez, esa tan desesperada y desencajada como cuando se tiene tanto miedo del tiempo al acecho de cualquiera…En cambio me gusta a la par seguir así…pendiente de un hilo…Me gusta perderme entre la gente, mezclarme entre ellos por las grandes avenidas de la ciudad, que sin querer poco a poco voy reconociendo algún rostro, caras desconocidas, hasta me sonríen al pasar… Los hombres me miran con expresiones de admiración y eso me gusta, soy tan coqueta…me encanta que me miren y me encanta gustar, ya lo ves, hasta los jóvenes observan mis andares como diciendo…¡qué bella mujer! y me dan ganas de irme con alguno, ¡vaya que sí! que a veces tengo ansiedad de saber cómo son otros besos que no sean los tuyos y siento miedo…Una tarde un muchacho me miró muy fijamente a los ojos y me dijo: ¡Guapa, qué guapa eres! Y al otro día también sabes, y al tercero lo dejé caminar tras de mi como si fuera mi sombra y cuando empezó a oscurecer se colocó a mi lado, y lo dejé estar… no le dije nada… Quería besarlo, quería que me arrastrara hacia la oscuridad y perderme en su abrazo… Deseaba sentir su cuerpo rozando el mío…tenía ganas de hacerte daño, de vengarme de ti…Los semáforos me detienen y los automovilistas pasan echándome una ojeada llenita de picardía, lo sé y me gusta demasiado… Si, sí, me gusta despertar miradas apasionadas en los hombres, siempre me ha gustado, quizás esa coquetería femenina que aún no se ha despegado de mí, como si tuviera veinte años, fíjate qué cosas se me meten en la cabeza… Seguramente sean fantasías mías, pero me atrae la idea y hasta me revolotean alitas de mariposas en el estómago y me cosquillean por el pecho…Es una sensación tan prodigiosa que me hace sentir poderosa, como si fuera la dueña del mundo, y una risilla irónica asoma a mi cara, lo sé por la mirada de algunos jóvenes…casi me incitan a pecar…a querer llevármelos a mi terreno y hacer lo que quiera con su cuerpo…hay días que me siento irresistible…¡menuda paradoja! Los hombres de mi edad soñando con estar con jovencitas y los jovencitos mirando a una mujer madura como yo…y en éste momento de mi vida, sé que puedo tan sólo con un pestañeo...Como aquél legionario…cada vez que me acuerdo… Reconozco que me pirran los uniformes, me pierden…me gustan a rabiar…Me encanta ver desfilar a los soldados, me ponen a cien…Es un secreto que nunca he desvelado a nadie, no sé por qué, pensaba que tenía que ocultarlo para que nadie creyera que tenía una mente libidinosa, que era una mujer mala, si esas de casas de citas…¡fíjate, qué tontería…! Estoy segura que más de una se vuelve loca por un uniforme…Hemos estado tan reprimidas las mujeres de mi generación, si, si, incluso con nuestras propias parejas nos ha dado siempre un corte decirles los que queremos, unas vergüenzas…a lo mejor a los hombres les haya sucedido lo mismo o es que son algo torpes y no lo quieran reconocer, bueno, eso es lo que se masculla entre dientes a través de los ecos de la sociedad…y fíjate en mí…creo que soy una desvergonzada y más si te enteras de algo que siempre he tenido mucho miedo de contarte…pero tarde o temprano tendré que confesarte…quizás mañana…

domingo, 5 de octubre de 2014

HOY TENGO GANAS DE TI.- (MICRORRELATO)



Buscándote me perdí y cuando te encontré te eché, ¡vaya que sí! Tenía miedo de ti, de que algún día te cansaras de mí, ya ves, son éstos celos traicioneros que me amargan la existencia cuando menos lo espero, y tan sólo de pensar que en algún momento me dejaras de mirar con deseo, se me salen todos los demonios del cuerpo. Tengo miedo que desaparezcan los besos que me entregas cada vez que te veo desde lejos, si esos besos llenitos de malos pensamientos cuando me miras a la boca, y me llamas loca, loca, eres mi loca…Quizás sea la coquetería o la vanidad femenina la que me hace ver más allá de la realidad y tema perder toda la pasión que se siente cuando una está enamorada... Te quise desde el primer momento, fíjate, y aún te deseo, pero al mismo tiempo no quiero seguir con éste juego. Me esperaste en la esquina de siempre y cuando me viste pasar, me seguiste, lo sé porque te estuve observando de reojo, pero ya estaba dispuesta a liquidarte, a quitarte de en medio y seguir mi camino. Me agobias demasiado y me haces sentir prisionera de los sentimientos éstos tan contradictorios. Me embargan de alguna manera, no ya de deseo hacia tu persona, sino como de lástima y eso me hace muy desgraciada. Ya no quiero ser tu esclava, ni estar a cada minuto que pasas pensando si te veo o no te veo, o si me voy contigo o me quedo rumiando por dentro. Es como si no viviera mi tiempo, y mi tiempo es la única vida que tengo. Lo sabes mi amor, sabes perfectamente que me gusta disfrutar de mi libertad y estar contigo tan sólo cuando me lo pide el cuerpo, ya ves, ahora soy yo la que decide, antes lo eras tu, si, si, tu, eras mi dueño y a veces me hacías sentir como si te estuviera pidiendo limosna…¡cuánto he aprendido contigo! Además de tener paciencia, fíjate en lo que te digo, que aún sabiendo lo que me duele el no estar contigo, me siento afortunada de haber vencido estos miedos míos…Me vistes pasar por la calle y corriste tras de mí como un loco, con los ojos desorbitados y unas ojeras, pobrecito, seguramente que llevabas días sin dormir tranquilo… ¿crees que no sé de qué hablo? ¡Vaya que lo sé! Que me he tirado días y semanas así, ¡sin pegar ojo! Pensando unas cosas horrorosas y con unos pinchazos entre el pecho y estómago que no podía ni respirar, me ahogaba de dolor, como si quisiera morir…Y ahora, fíjate cómo han cambiado las tornas…Te acercaste a mí y con la voz temblorosa me preguntaste.- ¿Ya no quieres saber de mí? - ¡Dios mío, claro que sí! - ¡Menuda hipócrita! – Lo tenía todo planificado y calculado. Estaba decidida a abandonarte y dejarte marchar. ¡Cuánto daño te he causado! Por el camino te dije que te quería con toda mi alma pero que tenía mucho miedo. Te metí un royo… Sé que no me creíste, nunca me crees, estás tan poseído de ti mismo y eres tan egoísta que mis sentimientos te importan un bledo. Sólo piensas en que me quieres y que soy tuya hasta la muerte, me lo dijiste una vez, ¿te acuerdas? También me dijiste que si me vieras con otro me matarías…Y yo venga hablar sola, con la pared.- Tengo miedo, compréndelo.-  Y me seguiste en el empeño de una confirmación para vernos. No eres hombre que se rinda a la primera, ni a la última porque ahora sé que aún estás ahí, si, lo sé, lo que ocurre es que estás dándole idea a otra forma de atraerme. Quieres llamar mi atención y por eso te estás alejando cada día más, para que me duela éste no estar contigo y no te vea…Ya me está doliendo el no verte. Al final siempre te sales con la tuya y me da una rabia…El otro día te vi pasar y te hice señas para poderte besar y saliste por piernas, ¡anda que no! Me di cuenta enseguida, que te escondiste, fíjate si te ha dolido mi indiferencia, que ahora te estás haciendo el interesante y tratas por todos los medios de darme celos, y los tengo, ¡vaya que sí! que tengo unos celos tremendos, ¡qué tonta soy! Siempre caigo en tus redes. Me haces pensar que estás con otra para que yo me revele y actúe, que corra como una loca y me entregue a tus brazos, siempre deseando de darme toda esa pasión que retienes en tu pecho para mí, siempre para mí… Sé que soy una caprichosa y que ya te has hartado de mis juegos… ahora te quiero, ahora no, ahora si…y tienes tu orgullo, lo sé…Y por eso estoy aquí meditando sola, llorando palabras al viento sobre unas teclas que desesperan mis dedos, tan acostumbradas como están a que las acaricie, a que les queme con el fuego que me quema por dentro. Casi me avergüenzo de los pensamientos que tengo, que arrasan por donde camino, provocándome a pecar con cualquier desconocido… Es de la misma rabia que tengo tan solo al pensar que tus labios pudiera a otra besar…Ganitas me dan hasta de matar, me salen unos demonios que las frases salen de mi pensamiento como diciendo… Venga, no pasa nada, tan sólo es un chute sin importancia…Ya lo ves mi amor, qué malas ideas me vienen a la cabeza que necesito venganza…Hoy tengo ganas de ti, ¡vaya que sí! que tengo ganas de comerte a besos, de hartarme de ellos y darme un atracón con tu cuerpo… Hoy quería estar contigo de nuevo y sentir tus brazos rodearme el cuello… será que echo de menos nuestros encuentros, esos que nosotros sabemos sin buscarnos siquiera, tan sólo la impaciente espera de la que desespera…

sábado, 27 de septiembre de 2014

LA PRESA FÁCIL.- (MICRORRELATO)




No sufras por mi, no me busques más, no me esperes mi amor, que cada vez que te veo se me sale el corazón… Si, se me salía cada vez que te veía pasar, ya ves, qué tontería, quizás me ocurriera lo mismo que a ti, y fíjate cómo estamos, perdidos, en medio de una encrucijada de la cual ya no sabemos qué hacer, ni adonde ir, pero de la cual no sabemos salir ilesos…La vida nos puso a prueba y como niños caímos en la trampa de la edad madura. Caímos en una red llena fuegos ratifícales, de mentiras a medias y verdades camufladas con leves trazos de amor. Estábamos muertos de hambre, ¡vaya que sí! Esa hambre insaciable que mata por dentro a las personas cuando carecen de pasiones, y nosotros teníamos tanta…Estábamos locos por entregar lo que llevábamos dentro de nuestro corazón, todo llenitos de deseo. Esos que se tienen cuando se es joven, si, si, ese que es el más fuerte y traicionero. Queríamos saciarlo a golpes de pasión desenfrenada y ahora ni siquiera distinguimos la fantasía de la realidad, pero en la que ya es imposible salir...Esos cruces de caminos, ese destino insospechable, esa encrucijada de marcha forzada sobre la eterna mirada de la juventud, ¡madre mía! Eso es lo que nos arrastró a éste infierno, a la pena y al dolor…Y ese hombre engreído que no para de provocar una sonrisa y un deseo en mi alma…Ese hombre que busca lo imposible por calles solitarias y jardines entre matas…Ese hombre medio desnudo, taciturno, apático, de andar lento y como pensando…Ese hombre triste, que apenas sabe distinguir los pasos del camino que le traza el destino…Ese hombre de mirada perdida, de rostro casi mudo, con la pena temblando en sus labios…Ese hombre tan serio y aplicado, que parece que está siempre de duelo buscando y buscando algo que le falta a su vida apagada, ya en el límite de la madurez al alba…Ese es el hombre de mi vida…Ese hombre es el que hace y deshace cada vez que salgo a la calle. Me busca por todas partes, me espera por las esquinas, se hace el encontradizo y me persigue como gato felino buscando su presa, ¡vaya que sí! La presa fácil que hay en mí y a la que no quiero renunciar jamás…Esa que sigue caminando por los senderos revueltos de los juegos prohibidos, deseos carnales, pecaminosos, sexo compartido entre infieles…Y ese hombre que yo un día seduje con mis besos lascivos y burlescos, ese hombre ya no me deja vivir ni un momento, y yo que lo sé, me aprovecho de sus ansias de apagar el fuego que lo quema por dentro… Si, ese fuego que echa su mirada cuando se sumerge en la coquetería de mis andanzas…Cuando ve como me miran los otros hombres que estaban en su misma balanza, si, esa balanza que sopesa entre la familia unida y la muerte anunciada del desamor y la felicidad ensañada…Hasta los pensamientos se le escapan con cada movimiento de mi cuerpo, y yo, vampiresa perdida que lo sé, lo provoco con la mirada de mis deseos, balanceo mis caderas de manera descarada y sabiendo el mareo de sus pupilas dilatadas, me detengo frente a él con los brazos en jarra, le sonrío, le guiño un ojo y le tiro un beso y me lo llevo a mi terreno perdiéndonos en los jardines del deseo…Y enamorado como lo tengo, lo zarandeo por el cuello, me lo como a besos y hace lo que quiere con la picaresca de mi cuerpo. Nos entregamos a los caminos del infierno, donde tan sólo las paredes y el asfalto son los testigos de sus miedos y mis atrevidos movimientos…Y cuando menos se lo espera lo arrebato con el ansia de su entrega y mis locas maneras...Y entre medias me dice muy bajito en el oído que me quiere, que soy la mitad de su vida y que si lo dejo ya no le quedará nada…que su vida no tendrá sentido…y yo que lo miro a los ojos tan sólo un poco, se lía a besarme como un loco y me abraza de manera apasionada, me ahoga casi en el grito de sus latidos y luego me dice en un susurro que me necesita como el aire que respira… Apenas puedo pensar sin estar él dentro de mis pensamientos, ni puedo ya vivir sin su existir y si no lo veo un momento casi me muero de deseo y de celos…Y ese hombre que antes caminaba triste y apagado, ahora brinca como un galgo, y yo perra salvaje, lo sigo como si fuera el guardián de mi embalaje…

martes, 16 de septiembre de 2014

NO ME HAGAS DE LLORAR.- (MICRORRELATO)



Y aquí estoy yo de nuevo otra vez dejándome llevar por ese vaivén tuyo… Esa manera fácil tuya de quererme siempre en tu presente, ¡vaya que sí! Como si nunca hubiera existido un pasado en el cual los dos jugamos a la última carta, si, esa que tenemos escondida bajo la manga. Esa carta traidora, vengativa y auténtica de todas maneras, pero en la que ni tu ni yo arriesgamos nada, fíjate, ¡qué cobardía la mía! que aún sabiéndolo te seguía como si fueras mi último aliento…Yo no quería enamorarme y me enamoré. Te seguí por caminos tortuosos, donde la curiosidad era la dueña de mi entrepierna, esclavizándome a tus apasionadas maneras de amarme, arrancando de mi boca palabras ardientes de amor, casi cayendo en la vulgaridad, como si hubiera estado acostumbrada toda la vida a ese lenguaje soez. Hasta me gustaba y me regodeaba sonriendo para mis adentros con su recuerdo, imaginando mil bellaquerías más que hacer en la próxima cita, porque habría más. Muchas citas sin sospechar siquiera que me estabas arrastrando a tu propio infierno, donde prendías la chispa de mi deseo, con la llamarada de cada encuentro ardiente y rocambolesco. Me abrazabas como si quisieras coronarme como la reina de los infiernos... tu infierno. Nunca pude imaginar lo que me empezó a gustar eso de reinar, que hasta la vanidad femenina se hizo la dueña de mi vida, sin importarme nada ni nadie. Tan sólo era yo la protagonista de mi propia película, ya lo ves mi amor, qué banalidad… Me mostraste el camino a seguir con tus inquietas manos y revoltosa lengua, mientras mi cuerpo se retorcía con la boca llena de frases ansiosas…Y aprendí, ¡vaya que aprendí! Despertaste a la hembra dormida. Me convertí en la más descarada de las mujeres, de forma que empezó a nacer en mí una auténtica fiera en el querer. Empecé a usar el látigo con la lengua viperina de la vehemencia, donde cada día te dejaba completamente desarmado. Era una auténtica amazona dominando la situación. Poco a poco descubrí la certeza y el poderío de verte bajo el yugo de mi pasión, y te lo hice saber, ¡vaya que sí! Que cada vez que querías besarme, te sometía a las intensas órdenes de mi voz, apasionándote la boca con suaves besos en retroceso, y soplándote en el oído… te deseo, te deseo y te deseo… acompañada del vals de mi cuerpo…Si ese baile que tú me habías enseñado y mostrado cada giro a seguir, sólo que ahora la alumna había adelantado al maestro, ese maestro que antes tenía las llaves de la cárcel de mi cuerpo. Ahora era yo la dueña del candado y la que tenía el mando de tus pensamientos. De repente empecé a tener miedo del poder que ejercía sobre tus sentimientos…Y te dio por espiar cada expresión de mi rostro. Cada palabra, cada gesto nuevo, te hacía pensar que ya lo había practicado con otro, hasta lo dabas por hecho y empezaste a dudar de mi lealtad. No podías imaginar que una aprende rápido y se espabila pronto. Ni siquiera te paraste a pensar que cualquier mujer conoce cada recoveco de su esqueleto, ¡ignorante de ti! Eso es lo que te llevó a la perdición y por eso me hacías preguntas comprometedoras, poniéndome entre la espada y la pared. Casi me ahogabas con insistentes interrogatorios, siempre preparados como para caer en alguna trampa. Estabas obsesionado con absurdos comentarios. Seguías cualquier gesto de mi mirada, pensando que podría hacer lo mismo con cualquier otro…Tienes razón mi amor, sé que puedo estar con cualquiera… No, con cualquiera no, sino con el que yo elija. Ahora ya sé quien soy, cómo soy y hasta dónde soy capaz de llegar. Tenía miedo de mí misma, un miedo tremendo. Me superaba tanto poder en mi alma. Era como si hubiera encontrado la piedra filosofal. Y por eso te dejé marchar. Ya no hay vuelta atrás…Y de nuevo aquí estoy yo sin ti, y tú no dejándome ir... Siempre ahí esperando una mirada complaciente, una sonrisa para volver a mis brazos, para decirme que me quieres y que sin mi te mueres… No me digas que estoy con otro y por eso te he dejado, no me humilles tanto… No me digas que estás triste y apenado… No me mires con lágrimas en los ojos… No me hagas de llorar, no me hagas de sufrir y no me busques más… No me digas que te duele el corazón, no me lo digas más por Dios, que son demasiados juegos peligrosos y nos estarán viendo desde el cielo…



jueves, 4 de septiembre de 2014

ME ENGAÑASTE.- (MICRORRELATO)



Me engañaste, ¡vaya que sí! que me engañaste como a una quinceañera y me perdí. Me perdí buscándote por todas partes. Me perdí en las pelambreras de mi cabeza y encontré una maleta llenita de letras... y mientras las ordenaba pensando que eran tus cartas, una ráfaga de viento me las arrancó y se las llevó volando afuera... y cuando quise darme cuenta me encontré subida en una cometa… Yo te había creído, siempre te creí, y pensando que me buscarías, fui dejando pistas para que me encontraras. Tenía la esperanza de que me buscaras y me llevaras a bailar, si a bailar un tango juntitos y pegados, como si fuéramos una pareja de baile, fíjate qué ignorante soy, nunca aprendo, debo ser la última romántica del siglo, porque mujeres así ya no existen ni en las novelas de amor. Se quedaron con Corín Tellado… Ahora son más directa ¡vaya que sí! Que van al grano y a la primera de cambio se arrojan a los brazos del chico que les gusta y punto pelota… Hacen bien porque mira que queda cursi esto de ser tan modosita… Todos los días me vestía guapa por si te veía, fíjate hasta qué punto te esperaba. Iba por la calle con los ojos abiertos como platos, mirando cada rincón, cada callejuela, hasta entré en la catedral por si se te hubiera ocurrido entrar, sabes bien que una vez te lo dije, ¿te acuerdas? pero no, no te veía por ningún sitio, creo que no querías ni verme, que me odiabas y no sé por qué… me atraías tanto… estaba tan enamorada de ti, ya ves qué estupidez, enamorarme a mi edad… Cada vez que pienso en las pista que iba dejando para que tu la vieras me entra una rabia… Hasta me enfado y me maldigo mil veces por ser tan estúpida, y es que estas cosas del amor le ponen a una, una venda en los ojos y no ven más allá de sus narices… A veces me sublevaba revolviéndome contra mí por lo payasa que me hacías parecer, y pensaba que si te encontrara en ese momento frente a mí, te retorcería el pescuezo, porque de hombre ya no tienes cuello, sino de gallo altanero, pero lo que tú no sabías es que te enfrentabas a una gallina, si, si, a la gallinita ciega, esa que de pequeña jugaba con mis hermanas y menuda éramos…Otras veces me quedaba mirando fijamente a algún hombre como queriéndote reconocer, y lo único que conseguía era que me siguiera un buen rato hasta que me lo quitaba de encima, y es que para decir la verdad, los hombres no cambiáis nunca ¡eh! Vaya, parecen que no han evolucionado y con tal que una los mira un rato ya se imaginan que quieren acostarse con él… Allá donde iba colgaba una fotografía para que me vieras, para que supieras lo bonita y linda que estaba, pero nada, tú no aparecías por ninguna parte. Me recorrí toda la ciudad, buscándote en cada rostro, en cada mirada, imaginando tu cara, pues no te conocía y la única foto tuya que tenía era del año la nana, así que tenía que imaginarte en las huellas del tiempo en ella… Tenía esa desventaja, en cambio, tú sabías perfectamente como era yo porque me espiabas desde lejos y en la distancia… Estuve más de una semana recorriendo avenidas y plazas, hasta quedé con amigos míos de la infancia para que me vieras, para que sintieras celos y nada… Los días pasaban y pronto tendría que regresar, y había perdido toda esperanza de encontrarme contigo. Una tarde de lluvia que iba caminando tranquilamente, empezó a caer un chaparrón tan grande que tuve que correr hacia la parada del autobús y en ese momento es cuando alguien llamó mi atención. Si, sí, eras tú, no podía equivocarme. Fue un gesto, tu mirada, el mohín de tus labios, estaba segura de que eras tú. Pasaste por mi lado, me miraste y agachaste la cabeza enseguida y despareciste. Se me desbocó el corazón. Casi se me sale del pecho, ¡vaya que sí! que parecía una potranca indomable. No te podía dejar escapar. No estaba dispuesta a ello. Llevaba más de una semana desesperada recorriendo la ciudad de punta a punta. Ni me lo pensé. Salí tras de ti, pero el semáforo fue tan cruel que se puso rojo. Había mucha gente y te mezclaste entre ellos, pero yo te seguía con la mirada desde lejos. Al momento se puso verde y crucé corriendo y mientras corría, me vi reflejada en el escaparate de enfrente. ¡Era patética la imagen que ofrecía! Yo, una mujer madura tras de un ti. No me lo podía creer. Jamás he corrido tras un hombre, ¡eso no es darse a valer! No lo dudé, me agaché y cogí un pedrusco del suelo y automáticamente lo lancé contra el cristal y la imagen desapareció al momento de mi mente y corrí. Corrí tras él como una colegiala. Tenía la edad de la libertad, esa edad que no se detiene ante nada y no mira a la gente, ni le preocupa el qué dirán. Esa era mi edad. El autobús estaba llegando a la parada y de un salto llegué hasta la misma puerta. La gente se amontonaba en ella. Él estaba casi en la entrada. Yo atrás. Entre codazos me abrí paso y subí al autobús. Estaba rodeada de cuerpos grandes, brazos en altos y culos por todas partes, pero era tal mi ímpetu que llegué justo hasta él. Me puse de frente y lo miré a la cara, a los ojos directamente y ya se rindió. Nuestros cuerpos casi se rozaban y nuestras manos se buscaron por los bajos y se enlazaron… De repente empezó a cruzarse imágenes de nuestras vidas, era como si el bluetooth estuviera conectado a nuestra mente…Tenías la mirada triste, como apagada, sin brillo. Sentí toda tu pena en mi alma y empecé a acariciarte con mis ojos…Una cascada de lágrimas empezó a bañar mi rostro y cuando me vistes me rodeaste con tus brazos los hombros atrayéndome hacia ti. Te acaricié el oído con palabras de amor y me perdí en el laberinto de tu ansiedad…Y antes de la última parada, bajé del autobús llorando y al volver la vista atrás, mis lágrimas se arremolinaron con los suspiros de tu garganta…