viernes, 11 de agosto de 2017
jueves, 10 de agosto de 2017
TIENES LAS LLAVES DE LOS MISTERIOS DE MI CARNE.- (MICRORRELATO)
Tengo la radio puesta y la música es pura magia para mí…¡Ay Señor! Esto
de estar en mi salita escribiendo aventuras y desventuras de hombres y mujeres
me apasiona y me arrebata el alma…dicho de esta manera tan excitante parece que
una está más allá que para acá, puede ser, me gusta tanto contar historias de
pasiones alocadas… me viene a la cabeza sin buscarlas…no sé porqué…es posible
que sea porque no me guste mucho la realidad de la vida…qué cosas me pasan con
lo mayor que soy ya…A veces me despiertan las palabras, me viene a la mente
frases largas y tengo que anotarlas porque a la mañana siguiente no las puedo
recordar… qué extraño es todo, ¿verdad? debe ser por eso que llaman
inspiración, y cuando voy caminando por la calle igual, me tiro todo el camino
escribiendo en un cuadernillo escenas que imagino que pasan, es como si alguien
me las estuviera dictando, no entiendo muy bien por qué me ocurre esto tan a
menudo, el caso es que llego a mi casa toda sembrada de pequeñas historietas
que luego forman una cadena de sucesos…quizás sea demasiado romántica…Y por eso
estoy aquí, en mi salita…es de lo más emocionante, no sabéis cuánto me gusta…me
siento tan feliz aquí sentada, frente a mi ventana…¡es de alegre y divertida mi
ventana…! Se abre al mundo real de la calle y se ve a la gente pasar, a los
chiquillos correr y a los más jóvenes sentados en los bancos más apartados de
las miradas…son los eternos enamorados que se besan y abrazan como antes lo
hacía yo con mi chico…algunos ancianos se encuentran solos sentados con el
bastón a un lado…me recuerdan mucho a mi padre…En los atardeceres de mi vida me
suelo sentar ante mi ordenador, con las teclas provocándome a danzar sobre
ellas el baile de los sentimientos…Mi mente se traslada en el tiempo, mientras
mi ojos te buscan en ese baúl escondido en mi interior, donde los recuerdos van
y vienen sin prisas, al libre albedrío del amor…A la deriva de los besos que
una mañana te di sin permiso, sólo siguiendo los latidos de mi corazón…y tú,
nervioso perdido, te quedaste prendado de mi boca y de mi existir no sabiendo
ya qué camino seguir, siendo esclavo desde entonces de mis besos y de los
deseos de mi cuerpo siempre ansioso de ti…Y por eso me encuentro divagando,
dejando mi mente a la merced de las horas… sus horas… las que pasa a
solas con la desesperación de no tenerme abrazada a su querer…sufriendo por la
lejanía de la sonrisa cuando lo miro con picardía... y yo que lo conozco tan bien… Tengo que
adivinar tus pensamientos antes que se instalen en tu cerebro…Y lo imagino
sentado con los demonios de los celos metidos en su mente y en su cuerpo…
y sigilosa
me deslizo en el infierno de sus atormentados silencios…sus desvaríos locos…No
desfallezca mi amor, porque si lo haces moriré de tristeza, de vacío…de
dolor…No estés tristes mi niño, mira que se me rompe el alma…Ten paciencia
conmigo, ya sabes que no soy la dueña de mi destino y causas mayores me impiden
salir corriendo… No vuelvas a decirme que no te quiero, no me lo vuelvas
a decir, por Dios, que muero de amor por ti…y… Perdida entre tus pensamientos me encuentro los
gritos de tus lamentos que no paran de insistir que estás loquito por mí…que me
busca por todas partes, que lleva varios días esperándome…que estás desesperado
de tanto silencio, que no puedes más, que necesitas sentir mis gemidos cuando
me besas…oír mis jadeos cuando acaricias mi cuerpo… escuchar mis latidos en tu
pecho…y te diga al oído suspirando…Tú tienes las llaves de los misterios de mi
carne…
miércoles, 9 de agosto de 2017
CITA A CIEGAS.- (MICRORRELATO) Tercera parte
Nos fuimos a un hotelito que encontramos por unas callejuelas y nada más llegar, decidí refrescarme bajo la ducha, y mientras me secaba, lo llamé con voz melosa para que me trajera la ropa interior...La había dejado adrede encima de la cama. Se puso muy nervioso y no encontró más que el sujetador. Le dije que el tanga estaba justo al lado y que mirara bien…Cariño date prisa que estoy muertita de frío…Le dije insinuantemente…Cuando por fin lo encontró se acercó al baño diciéndome que había confundido el tanga con un lazo para el pelo...Lo tenía todo previsto para llevármelo a mi terreno. Saqué el brazo con la puerta entreabierta en pelota picada y frente al espejo, de manera que me viera de arriba abajo... Me hice la despistada con toda la intención de una gata salvaje, y cuando le miré a la cara, los ojos se le iban a salir de las órbitas. Se dio la vuelta nerviosito perdido, y sabiéndolo yo, me puse a tararear esa canción de Alejandro Fernández que últimamente estaba muy de moda… Hoy tengo ganas de ti…blanco y en botella… Después salí para vestirme delante de él... Utilicé todas mis armas de mujer. Coqueteé ante el espejo poniendo posturitas de lo más provocadora, agachándome de vez en cuando para que no se perdiera detalle del encaje que ribeteaba el filito de mi tanga... Reconozco que me pasé siete pueblos poniéndolo a caldo…pues…Ya no sabía si tirarse para mí o hacerse el loco. Loco lo estaba volviendo con tanta carnaza que le puse para ver si de una vez se lanzaba en forma de leopardo. No tuve compasión y de manera muy pícara le dije que se metiera en la ducha… Yo estaba radiante de alegría, porque eso de que me miren con tanto fuego, me apasiona. Me enloquece, no lo puedo remediar. Me encantan estos jueguecitos entre un hombre y una mujer. Siempre he pensado que es lo más bello del mundo. Seguí con mis tretas bailoteando alrededor de la cama, mientras se iba transformando de tal manera que se abalanzó sobre mí de forma arrebatadora. Me besó en la boca y me encaramé a su cuerpo anudándolo con mis piernas alrededor de su cintura. Parecíamos dos adolescentes disfrutando como locos, casi nos caemos con tantas acrobacias. Me sugirió ducharnos juntos para darme con la esponja donde mis manos no alcanzaba, y mirándolo de arriba abajo como loba enjaulada, le eché mano al cuello y me lo llevé de nuevo al huerto. Y como aquello era tan pequeño y no podíamos ni movernos, se me cayó el jabón al suelo y para qué os voy a contar el desmadre que se lió. Parecíamos dos contorsionistas, y en plena faena de nudos marineros, decidimos irnos a la cama como marido y esposa y cuando se tumbó a mi lado, le di unos masajes en el cuello para quitarle el dolor que le había causado con mis movimientos al son de la música de la fuente. Pobre hombre lo que tuvo que soportar con tal de darme gusto en todo. Al cabo de los diez minutos nos quedamos dormidos el uno en los brazos del otro, Z, z, z…Fin.-
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