Me engañaste, ¡vaya que sí! que me
engañaste como a una quinceañera y me perdí. Me perdí buscándote por todas
partes. Me perdí en las pelambreras de mi cabeza y encontré una maleta llenita
de letras... y mientras las ordenaba pensando que eran tus cartas, una ráfaga
de viento me las arrancó y se las llevó volando afuera... y cuando quise darme
cuenta me encontré subida en una cometa… Yo te había creído, siempre te creí, y
pensando que me buscarías, fui dejando pistas para que me encontraras. Tenía la
esperanza de que me buscaras y me llevaras a bailar, si a bailar un tango
juntitos y pegados, como si fuéramos una pareja de baile, fíjate qué ignorante soy,
nunca aprendo, debo ser la última romántica del siglo, porque mujeres así ya no
existen ni en las novelas de amor. Se quedaron con Corín Tellado… Ahora son más
directa ¡vaya que sí! Que van al grano y a la primera de cambio se arrojan a
los brazos del chico que les gusta y punto pelota… Hacen bien porque mira que
queda cursi esto de ser tan modosita… Todos los días me vestía guapa por si te
veía, fíjate hasta qué punto te esperaba. Iba por la calle con los ojos
abiertos como platos, mirando cada rincón, cada callejuela, hasta entré en la catedral
por si se te hubiera ocurrido entrar, sabes bien que una vez te lo dije, ¿te
acuerdas? pero no, no te veía por ningún sitio, creo que no querías ni verme, que
me odiabas y no sé por qué… me atraías tanto… estaba tan enamorada de ti, ya
ves qué estupidez, enamorarme a mi edad… Cada vez que pienso en las pista que iba
dejando para que tu la vieras me entra una rabia… Hasta me enfado y me maldigo
mil veces por ser tan estúpida, y es que estas cosas del amor le ponen a una, una venda
en los ojos y no ven más allá de sus narices… A veces me sublevaba revolviéndome
contra mí por lo payasa que me hacías parecer, y pensaba que si te encontrara
en ese momento frente a mí, te retorcería el pescuezo, porque de hombre ya no
tienes cuello, sino de gallo altanero, pero lo que tú no sabías es que te
enfrentabas a una gallina, si, si, a la gallinita ciega, esa que de pequeña jugaba
con mis hermanas y menuda éramos…Otras veces me quedaba mirando fijamente a algún
hombre como queriéndote reconocer, y lo único que conseguía era que me siguiera
un buen rato hasta que me lo quitaba de encima, y es que para decir la verdad,
los hombres no cambiáis nunca ¡eh! Vaya, parecen que no han evolucionado y con
tal que una los mira un rato ya se imaginan que quieren acostarse con él… Allá
donde iba colgaba una fotografía para que me vieras, para que supieras lo
bonita y linda que estaba, pero nada, tú no aparecías por ninguna parte. Me recorrí
toda la ciudad, buscándote en cada rostro, en cada mirada, imaginando tu cara,
pues no te conocía y la única foto tuya que tenía era del año la nana, así que
tenía que imaginarte en las huellas del tiempo en ella… Tenía esa
desventaja, en cambio, tú sabías perfectamente como era yo porque me espiabas
desde lejos y en la distancia… Estuve más de una semana recorriendo avenidas y
plazas, hasta quedé con amigos míos de la infancia para que me vieras, para que
sintieras celos y nada… Los días pasaban y pronto tendría que regresar, y había
perdido toda esperanza de encontrarme contigo. Una tarde de lluvia que iba
caminando tranquilamente, empezó a caer un chaparrón tan grande que tuve que
correr hacia la parada del autobús y en ese momento es cuando alguien llamó mi
atención. Si, sí, eras tú, no podía equivocarme. Fue un gesto, tu mirada, el
mohín de tus labios, estaba segura de que eras tú. Pasaste por mi lado, me
miraste y agachaste la cabeza enseguida y despareciste. Se me desbocó el corazón.
Casi se me sale del pecho, ¡vaya que sí! que parecía una potranca indomable. No
te podía dejar escapar. No estaba dispuesta a ello. Llevaba más de una semana
desesperada recorriendo la ciudad de punta a punta. Ni me lo pensé. Salí tras de
ti, pero el semáforo fue tan cruel que se puso rojo. Había mucha gente y te
mezclaste entre ellos, pero yo te seguía con la mirada desde lejos. Al momento
se puso verde y crucé corriendo y mientras corría, me vi reflejada en el escaparate
de enfrente. ¡Era patética la imagen que ofrecía! Yo, una mujer madura tras de
un ti. No me lo podía creer. Jamás he corrido tras un hombre, ¡eso no es darse
a valer! No lo dudé, me agaché y cogí un pedrusco del suelo y automáticamente
lo lancé contra el cristal y la imagen desapareció al momento de mi mente y
corrí. Corrí tras él como una colegiala. Tenía la edad de la libertad, esa edad
que no se detiene ante nada y no mira a la gente, ni le preocupa el qué dirán.
Esa era mi edad. El autobús estaba llegando a la parada y de un salto llegué
hasta la misma puerta. La gente se amontonaba en ella. Él estaba casi en
la entrada. Yo atrás. Entre codazos me abrí paso y subí al autobús. Estaba rodeada
de cuerpos grandes, brazos en altos y culos por todas partes, pero era tal mi ímpetu
que llegué justo hasta él. Me puse de frente y lo miré a la cara, a los ojos
directamente y ya se rindió. Nuestros cuerpos casi se rozaban y nuestras manos
se buscaron por los bajos y se enlazaron… De repente empezó a cruzarse imágenes
de nuestras vidas, era como si el bluetooth estuviera conectado a nuestra mente…Tenías
la mirada triste, como apagada, sin brillo. Sentí toda tu pena en mi alma y
empecé a acariciarte con mis ojos…Una cascada de lágrimas empezó a bañar mi
rostro y cuando me vistes me rodeaste con tus brazos los hombros atrayéndome
hacia ti. Te acaricié el oído con palabras de amor y me perdí en el laberinto
de tu ansiedad…Y antes de la última parada, bajé del autobús llorando y al
volver la vista atrás, mis lágrimas se arremolinaron con los suspiros de tu
garganta…
jueves, 4 de septiembre de 2014
viernes, 15 de agosto de 2014
SUEÑOS DE ESPERANZA.- (MICRORRELATO)
Estaba desesperada por las noticias
que últimamente se oían en todas las emisoras radiofónicas acerca de la
corrupción. Los recortes y el paro se llevaban la palma. Los debates políticos
eran demoledores. Nadie se ponía de acuerdo. Europa estaba invadida por la
crisis. Los Estados Unidos también, y para colmo, el tema de los inmigrantes
subsaharianos estaba llegando a límites insostenibles por la cantidad de gente
y lo peligroso que era. Precisamente esa mañana tenía que llevar los resultados
de una ecografía mamaria al ginecólogo y entre la preocupación por el
diagnóstico y lo que estaba escuchando en la radio mientras desayunaba, se me
llenó la cabeza de unas ideas de lo más extravagantes. Camino de la clínica, no
sé si por justificar mis dudas referentes a los resultados, vaya usted a saber,
el caso es que lo vi más claro que nunca. Me puse a deletrear en el aire en
menos que canta un gallo. Envié a todos mis avatares a recorrer el universo.
Tenían que dar la voz ante de que esto estallara. No había trabajo. Las enfermedades
asolaban a medio mundo. Los inmigrantes se encaramaban a las bayas de Ceuta y
Melilla. Muchos sucumbían ante el hambre y la sed. Los más débiles caían
abatidos. Otros se lastimaban los pies y las manos. No les importaban. Estaban
dispuestos a todo. No tenían nada que perder. En su país de origen el hambre y
la enfermedad los mataban por minutos. No lo pensé ni un instante. Reclamé a
múltiples personajes a difundir que les daba trabajo. Llegaron a miles. Tuve
que hacer una criba en la cual se requerían varios requisitos. Simples
preguntas acerca de si tenían ilusiones y esperanzas. Unos ideales para poder
triunfar. Ante todo no quería ni vagos, ni drogadictos, ni alcohólicos. Esto
era serio. Teníamos el mundo en nuestras manos y no podíamos permitirnos el
lujo de perder más tiempo. Llegaron médicos de todos los rincones del mundo.
Mentalmente pinté un boceto de los pasos a seguir y se me ocurrió la noticia
que iba a revolucionar todas las redes sociales. A mi regreso me lancé de lleno
sobre mi ordenador. Hice un llamamiento con las siglas SOS a través de
Internet. Enseguida recibí más de un millón de respuestas preguntando qué era
lo que ocurría. Muy calmadamente les dije que teníamos que teníamos que hacer
un milagro. Era nuestra obligación. Así que envié el mismo mensaje a todos mis
contactos y como éramos tanto reunimos un tesoro incalculable de comentarios.
Como no podía pararme en leerlos todos, les pedí que necesitaba sus currículum,
porque el trabajo era lo más interesante. Se necesitaban médicos, profesores,
arquitectos, ingenieros, electricista, albañiles, carpinteros, agricultores, incluso
gente del medio ambiente y escritores. A mi llamada se unieron a la causa común
los hombres más ricos del mundo que hartos de zánganos entregaron todo su
capital a la obra universal que teníamos que fundar. No pasó ni una hora y las
redes se colisionaron al momento. Se presentaron miles de millones de gente de
todas las edades, razas y naciones. Por supuesto de ambos sexos. La mayoría
parados. Me daba igual. A mí sólo me interesaban los mejores. Mandé a mis
avatares que hicieran una criba para seleccionar a los más inteligentes y
preparados, pues de ello dependía el buen milagro. Una vez echa la elección
tenía que dilucidar la trama que se me había ocurrido, pero antes tuve que leer
sus propuesta, preguntas y me llamó mucho la atención que la mayoría coincidían
en para qué se necesitaba un escritor. He ahí, el Quid de la cuestión.
Necesitamos un escritor para que escriba éste gran Sueño. Un sueño lleno de
esperanza para que la humanidad no desespere y que si los inmigrantes salen
huyendo de la miseria, unamos nuestras fuerzas y ayudemos entre todos a
construir una tierra hermosa y llena de riquezas para que no salgan de ella, sino
todo lo contrario, que haya tanto trabajo para que sean los otros los que vayan
a ella…. Saquemos de ese continente lo mejor que pueda dar sus tierras. Lo
mismo que el pueblo americano, fundemos un país rico y llenito de esperanza,
sueños y abundancias...
martes, 12 de agosto de 2014
ME DECEPCIONASTE.- (MICRORRELATO)
Me miraste y me enamoré… Empezaste a
mirarme y yo caí como una colegiala, y eso que me guardé de ti, porque en el
fondo sabía que aquello no estaba bien, pero caí rendida a tus pies. Luché y
luché contra la aventura de mí ser, pero era tan emocionante aquello que tú me
ofrecías con la mirada y que yo necesitaba tanto en aquellos momentos… Fíjate,
ahora me asaltan las dudas después de tantos encuentros de arrebatos
diabólicos, porque estos sentimientos nuestros no eran normales, ¡eran
terroríficos! Vamos que estaba siempre muerta de miedo y todavía no sé porqué
me arrastraban tanto a tus brazos, a esos besos retorcidos y nerviosos… Ni
siquiera sé por qué me dejé llevar por tu mirar, ese mirar tan fogoso que
tienes, esa mirada tan penetrante, siempre escrutando cada rincón de mis
pensamientos, como si quisieras saber más de mí que yo misma, como si quisieras
llevarme a tus adentros misteriosos, llenos de suspenses… picardías… Era un
interrogatorio constante de preguntas y respuestas, ¡pero tus respuestas,
porque a mí ni me daba tiempo! Antes de reaccionar, ya me estabas arrastrando
hasta el infierno…a tu infierno…Me quieres llevar contigo. Me lo dijiste una
vez, ¿te acuerdas? Me dijiste que ya no me soltarías…Tengo miedo de ti. Tengo
miedo de ese querer tuyo tan posesivo, tan exclusivo, tan ansioso. Temo
perderme en tu locura y no poder salir de éste laberinto infernal de
ultratumba, porque este vivir nuestro no es natural ni humano. Va más allá de
los límites de la realidad. Es como si viviéramos el uno dentro del otro,
siempre unidos por ese hilo mental que traspasa las piernas y los brazos, las
venas, como si fuera la sangre de mis venas y yo de las tuyas, en el pecho tu
corazón latiendo al ritmo del mío… hasta ahora… Temo que no quieras comprender
que ya se acabó, porque me has defraudado y ya no te quiero… Me decepcionaste
mi amor, me llevé un desengaño contigo y ya no te quiero, ¡me he desilusionado!
Ya no hay marcha atrás, ¡se acabó y se acabó! ¡Hala! ¡Fuera de mi vida! No te
conozco. Ya no sé ni quién eres. Un extraño, si, si, un verdadero extraño,
déjame en paz de una vez. No vuelvas a seguirme, ni me esperes, ni estés como
un perrito faldero tras de mi. No lo soporto, no me gustan los hombres tan
abnegados, ¡pareces un crío! Nunca me han gustado los hombres sumisos y
obedientes, ¡ni que fueras mi esclavo! ¡lo odio! ¡Me subleva! ¡Me pone de los
nervios! Me da una rabia… Me llevé el desengaño más grande del mundo cuando vi
cómo la mirabas, si, lo mismo que me miraste a mí, y entonces fue cuando me
derrumbé, ¡vaya que sí! Me desencanté contigo, fíjate, yo que te tenía en un
altar… ¡qué ignorante fui! Soy más tonta… Ya no te quiero, me he desenamorado
de ti, es como si de repente lo hubiera visto claro, lo siento, tendrás que
aceptarlo, no te enfades conmigo, entiéndeme, compréndelo, que tu al mirar a
otra como me miraste a mí, me has abierto los ojos… y ahora te desconozco…
jueves, 7 de agosto de 2014
HÁBLAME DE AMOR.- (MICRORRELATO)
Háblame como si quisieras seducirme,
háblame como si me acabaras de conocer… háblame con amor... como si no
lleváramos tantos años casados… háblame como te hablo yo, porque así parecerá
que los años no han pasado y todavía estamos en la senda de la seducción… No me
grites cuando te pido algo, ni me mires con rencor, no me hagas malos gestos y
regálame una flor… Enamórame con la mirada, cortéjame con tus palabras, dime
que me quieres y alegra ese humor… Arrópame entre sábanas, bésame con pasión,
pinta una sonrisa en tus labios y háblame de amor, vaya a ser que se me olvide
que una vez te quise tanto... y busque a mi príncipe encantado, que aunque tú no
lo veas están por todos lados… Están esperando que una mujer como yo, se tire a
sus brazos, escuche sus palabras de amor y le bese los labios… Son como perros
callejeros que se resisten al desencanto y al desamor y cuando una mujer les
sonríe, se arrojan sobre ella como si fuera la mujer de sus sueños…
miércoles, 30 de julio de 2014
ME GUIÑASTE.- (MICRORRELATO)
Me guiñaste
un ojo al pasar junto a mí y yo te sonreí, ¡vaya que sí! que me dio una risa…
Me guiñaste y me perdí entre dos mares cuando de niña, los chicos les guiñaban
a las chicas y ellas les sonreía... y esa sonrisa que yo percibí en un instante
de mi vida, quedó en el aire dormida y latente, pero viva… Era como si
estuviera alerta a un despertar lejano, donde sólo la complicidad y la picardía
se daban la mano. No lo pensé ni un instante y seguí sonriendo tras ese guiño
como una chicuela adolescente. Estaba poseída por una fuerza interior que me
empujaba a ir tras de ti… y tu sabiéndote ganador me llevaste por sendas
inconfesables, donde la curiosidad se apoderó de las emociones más atrevidas de
mi ser. No había nadie en aquel portal. Tan sólo tu y yo, y me dejé abatir por
la aventura de traspasar los límites estipulados por la sociedad. No sentía
nada de vergüenza. Era como si nos conociéramos de toda la vida. Nuestras manos
batallaron en una lucha infinita escarbando por lugares recónditos, mientras
boca con boca se liaron a batallar contra besos distorsionados de deseos,
enganchándose las piernas en un abrazo interminable de tirabuzón y cuando
estábamos casi culminando el baile del apasionado encuentro, se oyeron pasos
bajando los escalones… Salimos pitando de allí como dos chiquillos haciendo
travesuras, como cuando llamaba a todas las puertas de los pisos, ja, ja, ja… y te seguí, te seguí como un
galgo por la calle, toda llenita de gente desconocida, algunos conocidos por mí.
Me escabullí entre ellos corriendo, corriendo tras de ti, ja, ja, ja… Parecía
que estábamos jugando al Rol en vivo y en directo, donde cada miembro del grupo
lleva un instrumento con poderes para ir ganando. Tu llevabas una espada, si la
espada de Damocles, esa que pende de un hilo, si, si, como diciendo… ten
cuidado, ten cuidado… que hay mil ojos diferente acechando por las esquinas,
espiando cada movimiento, pero ¿qué me importaba a mí la gente si aquella
aventura era de lo más emocionante? Estaba hechizada, como poseída por una
fuerza interior que me arrastraba a no detenerme jamás. Corrí, corrí y corrí
tras de ti guiada por ese guiño atrevido y sugerente a la vez. Yo llevaba una
caja llena de sorpresas, ¡vaya que sí! que cuando la abrí hasta yo misma me
sorprendí al ver lo que contenía. Estaba llena de máscaras, y en cada una de
ella había escrita una palabra: niñez, infancia, inocencia, pudor, curiosidad,
sueño, ilusión, esperanza. Un sinfín de adjetivos y apelativos referentes a las
distintas etapas de la vida personal, de los cuales, yo sabía por propia
experiencia, además contenía también varios uniformes femeninos, donde la niña,
la hija, la colegiala, la hermana, la novia, la esposa y la madre se llevaban
la palma. Me quedé patidifusa, sin reaccionar y seguí adelante, siempre tras de
ti, sabiendo, que tu espada pendía sobre mi cabeza. De repente llegamos a un
callejón, y en la curva, justo en la mitad, en un arrebato de ardor, nos
besamos apasionadamente mientras me susurrabas al oído frases atrevidas y
llenas de picardía seguida de ese guiño… Imagínate que estamos en un pajar los
dos solos, revolcándonos como animales… y yo sonriendo te sugería… no, mejor
sentados en la butaca de un cine, viendo una película, si, con las manos
empeñadas en disfrutar del paquete vacío de palomitas, ja, ja, ja… y tú
guiñándome… no, no, en un autobús repleto de gente, y yo tras de ti, respirando
fuerte, para que escuches bien cuánto te deseo… y yo te miraba y me reía…ja,
ja, ja… Hasta que se nos acabaron las palabras y los besos… Y seguimos nuestras
andanzas caminando de la mano, como si fuéramos novios de verdad hasta un
jardín oscuro, oscuro y lleno de árboles altos y frondosos. No había nadie, tan
sólo tu y yo y ahí fue donde descubrí otra máscara, la que llevaba puesta en la
cara, ja, ja, ja… La que te sonreía cuando tu me besabas y me abrazabas. Me
apoyé sobre ese árbol y me dejé querer, si me dejé querer como nunca, me
abandoné a la oscuridad de la noche y a tus ardientes manos de pasión, sin
importarme nada, pasando del mundo y de los ecos lejanos. Me daba igual, como
si nadie existiera tan sólo tú y yo… me arrodillé ante ti y besé todo lo que mi
boca alcanzaba… Me sentí fuerte y poderosa, como si fuera la dueña de mis
emociones y de mis pensamientos, ¡vaya que sí! Que tenía el universo en mis
manos y a mis pies… Estaba toda eufórica, como si tuviera alas…Era el momento
más emocionante de mi vida… No sabía yo que tras ese guiño y aquella sonrisa se
escondiera la euforia de la vida…
NO ME DEJES DE QUERER.- (MICRORRELATO)
No me dejes de querer, por Dios, no me dejes de querer que moriré. Te quise desde el primer momento que supe de ti, de cómo me mirabas, ¡madre mía qué mirada tan profunda! Si, si, fue eso lo que me enamoró de ti, esa fuerza chispeante que echabas por los ojos, porque echabas fuego de pasión, ¿sabes? Después no pasaba un día que no me tropezara contigo en el camino, creo que te hacías el encontradizo, si lo sé, ahora estoy más segura que nunca, ¡vaya que lo sé! Eres tan pertinaz, no te cansabas nunca de abordarme, ¡cuanta paciencia madre mía! Mira que eras pesado, siempre esperando una señal mía, una sonrisa, cualquier gesto de la cara para continuar al acecho…No me pude contener, no pude aguantar tanta presión diabólica por parte de los dos, era como si jugáramos al gato y al ratón, perdón a la gata, ja, ja, ja…porque cuando quise darme cuenta te lancé la zarpa al cuello y te comí la boca a besos…te desarmé enterito, casi te comí vivo, ja, ja, ja... y caíste en mis brazos como un niño y cuando pudiste desasirte de mi, balbuciste te quiero, te quiero y te quiero…Lo mismo que ahora…¡Mira que fui atrevida…! Me dejo llevar por mis impulsos y ya no tengo manera de parar, apenas puedo sujetarme y eso que quiero olvidarte, pero no, tu no me dejas que lo haga, siempre estás ahí, y ahora ya es imposible porque te quiero…Ya no sé vivir sin verte aunque sea un momento, pero al menos cuando te veo sé lo que sientes por la fuerza de tu deseo, lo leo en tus ojos, si en la mirada que me echas desde lejos y aunque no estés cerca, te presiento en los adentros de mi alma…Si amor mío, como el otro día que caminabas delante de mí y yo con la mente te dije, vuelve la cabeza, vuélvete y ven hacia mí, y lo hiciste, fíjate qué poder tengo sobre ti, ¿por qué será? ¡Qué cosa más extrañas…! Me ocurren unas cosas más raras...A veces creo que es la fuerza del amor, no, del amor, no, porque éste sentimiento mío traspasa las fronteras de la naturaleza, si, si, es demasiado carnal y sólo las personas muy enamoradas lo presienten. Creo que a ti te pasas lo mismo, pero no me lo dices porque te guardas, siempre te guardas, no te abres a mi del todo porque temes que yo me lo crea demasiado y tienes como un caparazón, me da una rabia…yo que me descarno ante ti sin vergüenza alguna, que te abro el corazón y te cuento todos mis temores, mis secretos más íntimos, ja, ja, ja…. Y tu me escuchas como alelado, como diciendo…¡menuda mujer, qué atrevida es! ¿Qué más da mi amor? No tiene ninguna importancia, ya sabes como soy y por eso, porque me conoces demasiado me temes cada día más y no confías en mí…Reconócelo, ¿verdad? O quizás es que no tienes seguridad en ti mismo, ¡qué tontería! Yo en cambio tengo tanta seguridad en mis sentimientos, en mi proceder, no tengo miedo de nada porque me tengo a mí misma, me conozco y me acepto tal cual… ya no podría echar marcha atrás…No me cambies nunca tu mirar, porque esa mirada tuya es la que me hace avanzar en la vida con éste bello caminar, si, me vuelve loca todos los sentidos y me quedo sin razón, ¡vaya que sí! que me quedo toda tontita perdida, ja, ja, ja…¿para qué sirve la razón? Para nada, sólo es un obstáculo más para no dar rienda suelta al amor, aunque sea bajo la sospecha del pecado…¿pecado? No, no, que las cosas del querer saben muy bien y es sagrado…
miércoles, 9 de julio de 2014
FUEGO EN EL CUERPO.- (MICRORRELATO)
Hay que ver esta calentura
que tengo por todo el cuerpo, me está quemando por dentro, todo el pecho
ardiendo. No duermo ni de noche ni de día, ¡maldita sea su estampa! que quiere
acabar conmigo, te juro que cuando acabe con esta agonía me voy corriendo a la
calle a recuperar cada momento perdido en éste pedazo cuerpo que tengo… Menudas
nochecitas que estoy pasando, dando vueltas de derecha a izquierda, con unos
dolores… Parecen mordiscos de perro, clavándoseme los dientes como puñaladas en
el pecho, no paraba de pensar pero… ¡Dios mío! ¿Por qué me martirizas tanto?
¿Será la edad? ¡Seguro! Tengo una edad muy peligrosa y dicen las malas lenguas
que con los años una se vuelve recelosa y duda de todas, si, si de todas ellas,
es como si se estuvieran ensañando conmigo, porque vamos que ya llevo unas
pocas noches sin pegar ojo ¡eh! Anteanoche era como si me abrieran las
costillas de la parte derecha, así, como si me las arrancaran de cuajo, tirando
unas manos de mis caderas hacia abajo, ¡ay madre mía de mi vida! Hacia abajo es
por donde más me quemaba el cuerpo, unas calenturas… eran como tijeretazos en
toda la carne y en la misma barriga unas garras con uñas atravesándome las
vísceras, ¡no sabía ni qué postura poner! Mira que he dado vueltas esta noche,
bueno, y por las mañanas ni te cuento… Llevo más de cuatro días que no paro de
pensar locuras y dicen que esto con la edad es peor porque se pone una ardiendo
como una olla Express, vamos que estoy escocida y me pica a rabiar, y yo aquí
más sola que la una conteniendo las ganas de rascarme, porque ganas me dan de
coger algún objeto por ahí y ponerme como una moto, me hincharía, lo juro que
me rascaría como una verdadera energúmena, pero a ver, no puedo, eso sería peor
todavía, porque me ha dicho mi marido que no lo haga, que ya soy muy mayor para
hacer tantas tonterías y que debo contener esos impulsos, pero es que no se
pueden imaginar los escozores que tengo, llevo toda la tarde como abrasada
viva, me siento carbón en llamas, ¡por Dios de mi vida! Hasta cuando voy a
aguantar, me escuece una barbaridad, me picotean como si yo fuera un
alfiletero, siento que de un momento a otro voy a reventar porque hasta me
siento arder, tengo un volcán dentro de mi cuerpo que de un momento a otro va a
entrar en erupción y voy a armar una… la fogata de San Juan no se puede
comparar, la madre que me parió, mira que pasarme a mí estas cosas tan raras…
pero esto, qué es por Dios, que ya soy muy mayor y que estoy muy sensible, que
ya no me pega a mí estar tantos días aguantando éstos irresistibles picores por
delante y por detrás, y encima ahora me ha brotado como unas ampollitas
pequeñas en medio de los senos que parezco una sandía abierta en canal, y me ha
dicho la doctora que éste Herpes Zoster da mucho qué hablar, que hay una
invasión ahora en Córdoba y me ha tocado la más dolorosa de toda la ciudad, ¡me
cachis en la mar!
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