martes, 13 de diciembre de 2016

CELOS.- (MICRORRELATO)



 Allá por los años…Yo era joven y guapa y no tenía televisor, pero mi amiga sí...Mi amiga tenía un hermano guapísimo rubio, que me recordaba muchísimo al actor Troy Donahue y aunque se llamaba Joaquín, todo el mundo lo llamaban Pharrys por el enorme parecido con el protagonista de la película del mismo nombre. Al principio no le hice mucho caso, pero al ver que todos los sábados colocaba las sillas juntas, y que siempre se sentaba a mi lado, empecé a esperar ansiosamente que llegara esa noche para estar cerca de él, y sin darme cuenta, poco a poco mi corazón empezó de nuevo a palpitar como si fuera la primera vez. Y de los primeros roces intencionados, llegaron los besos tras la puerta cerrada, los interminables abrazos en el pasillo, y cuando no nos veía nadie, me quería tocar por todas partes. Me estaba enamorando pero no me fiaba mucho de él, porque tenía fama de mujeriego. Mis amigas me habían dicho que le gustaban todas y una vez que conseguía lo que quería, las dejaba tirada como a un perro. Bonita cosa que me decían, yo, que estaba saliendo del desengaño más grande de mi vida, no me faltaba más que oír eso. No me fiaba ni un pelo. Ni de él ni de nadie, aparte de que tenía mucho miedo de que me volvieran a hacer daño. Así que no pasaba de ahí, pero entre este tira y afloja, al final cedí. No me pude contener ante tanta insistencia por su parte. No paraba de decirme cosas bonitas, ya sabes, eso que nos gusta tanto a las mujeres oír. Me derretí, y empecé a quererlo con locura y con pasión. Estaba deseando que llegara el sábado para sentir sus manos rodeándome los hombros, pero cuando acercaba sus labios a mis oídos y susurraba cuánto me amaba, a mi eso, la verdad, es que me dejaba hecha una piltrafa. Me desarmaba totalmente, y por las noches tenía pensamientos pecaminosos… Después de unos meses en esa tesitura de que todavía no, por esto y lo otro, empezaron las salidas a escondidas de sus padres y de los míos, porque entonces yo no quería que lo supiera nadie, tan sólo su hermana, que desde un principio fue nuestra confidente, y recadera, ya que me traía notas de él, y después la repuesta mía. Eran unas letras nada más, pero estaban cargadas de amor. Una tarde de primavera nos fuimos a pasear por la playa descalzos, y en la oscuridad de la noche, nos desnudamos y nos revolcamos por la arena con todas las estrellas del cielo afuera. A partir de aquella fogosa noche ya no quiso dejarme suelta, queriéndome con todas sus fuerzas, tanto que ni vivir siquiera podía de los celos tan grandes que tenía, empezando ahí mi agonía de sentirme desgraciada cada día. Al principio no me daba cuenta de lo que me estaba ocurriendo. Creía que eso era el amor de verdad. Pensaba que a todas las parejas de novios les pasaba lo mismo, y no quería contarle a nadie, y menos a mi amiga, que su hermano se estaba volviendo muy celoso y que hasta me asustaba un poco. Me sentía como si fuera su prisionera. No me dejaba salir sola, ni pintarme la boca con lo que a mí me gustaba. Tampoco vestir llamativa, y si fumaba un cigarro en los bailes, me lo apagaba porque decía que tan sólo fumaban las fulanas, y si me contoneaba demasiado por la calle andando, me decía que lo hacía para provocar a los hombres. Otras veces, cuando quedaba a una hora, y si llegaba un poco tarde, me armaba tal escándalo que lo oían todas las vecinas, porque a esa altura de mi vida, ya todo el mundo conocía nuestra historia de tortuosa relación. Hasta una vez me pegó tal tortazo, que me dejó la cara acolchada, casi dormida, y otra vez me dio un empujón que me caí al suelo, y tan sólo porque pasó uno por mi lado mirándome descaradamente y él decía que yo lo había provocado con una sonrisa. No sé en qué momento se volvió tan celoso, pero llegó un instante, que mi vida junto a él fue insoportable, tanto que finalmente tuve que dejarle. ¡Imposible! Me seguía a todas partes, me espiaba, me acosaba. No había manera de que pudiera comprender de que yo ya no lo quería. Todo el amor que había sentido una vez por él se esfumó como por encanto, y por mucho que le dijera, no atendía a razones. Estaba tan cegado por los celos que, andando por la calle, de repente apareció frente a mí. Me paró y me agarró por los hombros. Me gritó que me quería y que no podía vivir sin mí. Forcejeamos. Me zarandeó, me besó en los labios. Lo aparté empujándolo y cayó de rodillas. Llorando me pidió perdón, prometiéndome que no volvería a pegarme. Me abrazó las piernas, de tal manera que no podía desasirme, impidiéndome el caminar. Me besó todo lo que su boca alcanzaba. Me dio mucha pena. Lo vi pequeño...Me arrodillé y lo levanté. Lo abracé y le dije que lo perdonaba pero que ya no sentía nada por él, había matado mi amor con sus dichosos celos, además infundados. ¡Pobre Joaquín! No quería admitirlo e insistía que le diera otra oportunidad. Accedí a sus deseos y empezamos de nuevo. Me equivoqué. No había cambiado en nada. Tan sólo estuvo medio qué una semana, pero pasado esos días otra vez volvió a sentir unos celos que lo consumían de noche y de día, imaginando siempre lo peor de mí. Que si andaba contoneándome, que si miraba a los demás chicos cuando bailábamos, que si era una provocadora, que si vestía escotada, que si corta, que si enseñaba las piernas cuando las cruzaba, y una serie de cosas que ya no podía aguantar más. Así que una tarde que estábamos caminando por la playa, le dije alto y claro que no podíamos seguir de esa manera, que éramos unos desgraciados, y yo sólo quería estar contenta, que me hiciera reír y no sufrir, y que tarde o temprano, eso iba a estallar porque no sabía quererme bien. No entendió nada. Ni me escuchó. Estuvo todo el rato asintiendo con la cabeza mecánicamente, en lo único que pensaba era en que no lo dejara. Decía que sí, sí, sí, pero como si nada. Me tenía las manos agarradas fuerte, fuerte, al mismo tiempo que me atraía hacia él. No sé de donde saqué las fuerzas, pero me giré, y me solté, casi me caigo, pero salí corriendo gritándole al viento todo mi tormento. Joaquín salió detrás, entonces me metí en el agua amenazándole que si me seguía me iría para el fondo hasta ahogarme. Me alcanzó y me levantó de la cintura, y aún revolviéndome entre sus brazos, logró sacarme del agua. Nos tumbamos en la arena, y en un descuido, yo estaba tosiendo, se echó en lo alto mía y me repitió más de mil veces que lo perdonara, que me quería y que si le dejaba, se moriría. Mientras yo, debajo de él, casi me ahogo y por quitármelo de encima le dije, que vale...¡Por lo que más quiera, Joaquín, que me estoy asfixiando, que no puedo respirar! Grité como pude, la voz no me salía del pecho. Se asustó un poco. Me compuse como pude y regresamos a casa en silencio. Al otro día lo dejé. Le dije que lo nuestro se había acabado y que jamás volvería a darle otra oportunidad, y que me dejara en paz de una vez por todas.
Durante un tiempo me quedé encerrada en casa a ver si de esta manera se olvidaba un poco de mí, pero cuando volví a salir, empezó de nuevo a acosarme, incluso me plantaba cara, provocándome de tal manera, que más de una vez tuve que suplicarle que por favor me dejara, que todo había acabado, que no lo quería, que no sentía nada por él. ¡Imposible! Así estuvo durante una temporada, vigilando mi casa. Desde las seis de la tarde hasta las nueve y las diez de la noche. Se paraba en la esquina y allí que se quedaba como si fuera una estatua. Ni siquiera podía asomarme a la ventana por si me veía...Al cabo de los meses, se cansaría por que una tarde ya no estaba, y la otra tampoco. Pensé que ya se había dado por vencido y poco a poco, empecé a salir, por que iba a criar telarañas, como decía mi madre. Nada más poner un pie en el portal, no sé de donde salió, pero de repente sentí que alguien me sujetaba por los brazos, me atrajo hacia sí y empezó a abrazarme y a besarme. Forcejeamos. Me mordió en los labios, hasta me hizo sangre. Yo no quería gritar para que no me oyera nadie, me daba mucha vergüenza de que los vecinos se enteraran, así que me dejé besar hasta que se hartó. Cuando apartó sus labios de los míos, le rogué casi de rodillas que me soltara. Que teníamos que hablar. Le supliqué que me escuchara, que me comprendiera. Por más que le decía, menos atendía. Estaba loco. Los ojos parecían del mismísimo diablo. Me estaba asustando mucho. Me agarró de los pelos con una mano, me echó la cabeza hacia atrás y volvió a besarme en los labios, y me dijo que si se enteraba que estaba con otro, nos mataba a los dos. Después se marchó. Al otro día hablé con mi amiga contándole todo, y le pedí con toda mi alma que por favor le dijera a su hermano que ya no lo quería y que me dejara vivir en paz. Me dijo que no me preocupara de nada y durante unos días pude salir tranquila, aunque desde el episodio del portal, bajaba las escaleras tan despacio, que ni yo misma me oía, y antes de llegar afuera, me agachaba para ver si estaba escondido en algún rincón, no me fiaba de él. Así pasó una semana y luego otra. Entonces decidí tomar rumbo de mi vida volviendo a entrar y salir de nuevo con las amigas. A partir de entonces, no me había vuelto a molestar, aunque de vez en cuando lo veía pasar al otro lado de la carretera, pero bastante lejos. Otras veces se hacía el encontradizo, pero al menos ya no me molestaba ni me decía nada, pero era raro el día que no lo viera por lo menos una vez…




jueves, 8 de diciembre de 2016

EN UN INSTANTE DE RESPLANDOR.- (MICRORRELATO)



Es un toque de ansiedad que no lo puedo retener, un frenesí una inquietud que me invita a pensar en ti…y atraparte por las noches cuando duermo entre sueños…sueños locos y desbordado de amor por ti…Oye, escúchame…pon mucha atención…cierra los ojos pensando que me besas, pero mírame en el pensamiento y podrás leer lo que siento al ritmo de mis movimientos…Coge mis manos, acércame a tu cuerpo y dime que me quieres, que no existe otra como yo en tu vida, que a nadie le dices lo que a mí, y que no puedes vivir sin mí…que la vida no tiene significado para tu existir si no me ves caminando…que me extraña, que me piensas, que te desvives por mis caderas…que te gusta mi cintura, mi pelo y las canas que habita en ellos…que mueres por mis caricias, mis susurros y lo que escucha entre los gemidos de mi aliento…pues…hay una volcán ardiendo en mi pecho y necesito que me lo apagues con los suspiros de tus besos…¡Oye tú! ¿Quién yo?, Sí, sí, tú… ¿qué haces paseándote por mi corazón como si estuvieras latiendo al unisón con mi amor? ¿Acaso te piensas que porque una noche estuvimos bailando un tango lento y arrimados tienes derecho a seguirme por todos lados? Estaba caminando sola, distraída y de repente ahí estaba él…esperándome…y yo alucinando como estaba lo único que pensé…es una treta de la mente, una artimaña que tiene éste estado emocional que me doblega y domina para no olvidarte jamás…pues…Es imposible que cada vez que pienso en ti apareces como por encanto de la naturaleza…No, no…de la naturaleza no, sino divina…o mortal…viene del más allá…de ultratumba…porque tú ya no estás aquí, ¿verdad?¿No será que desde donde quiera que estés me busca para que nos volvamos a ver? Es la estrategia que tiene la magia, la ilusión…Una quimera entre los besos que nos dimos tras la puerta cerrada, allí donde sólo habitaban los susurros de nuestras palabras calladas por un único deseo de volcar nuestros miedos… ¡Ay Señor mío! ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué no lo olvido? Hay un ente extraño que me está llamado desde el más allá…lo noto, lo percibo…pues…Es increíble éste insistir…seguro que estará arrepentido del daño que me hizo su olvido…No puede ser tanto pensar en él…Apenas nos conocimos por internet… Una cita a ciegas, una locura de mis pelambreras, una aparición quizás…verdadero o real…Un encuentro de dos almas perdidas errando por las esquinas…Una lucha de titanes ardiendo a fuego lento abocados a perecer en él…un golpe de suerte…Una locura más de mi existir donde tú y yo coincidimos en la barra de un bar escondido entre penumbras…Me miraste…te miré…Me sonreíste en un gesto de dolor alojado en tu interior…te sonreí ofreciéndome a ti…Algo me hizo seguir allí…Me volviste a sonreír…sostuve tu mirada y me acerqué…Y como una autómata te besé…Una fuerza poderosa me arrastró hasta tu querer…quizás estaba pidiendo ayuda y viniste a por mí…me salvaste, me amaste y te alejaste poco después…me tiraste por los suelos, me humillaste y me abandonaste…y yo aquí queriéndote como te quiero, aún pienso que tarde o temprano volverás a por mis besos…Pues…se me ha ocurrido pensar que me recuerdas entre sueños…quizás estés en ese instante tridimensional donde se quedan atrapados los espíritus errantes…Vuelve a mis brazos mi amor, no me dejes sola, mira que te pienso aún, no puedo olvidarte…Hay una duda en mi mente que me gustaría averiguar…saber porqué te alejaste de mí…qué te pasó por la mente para desterrarme de tu vida…Quizás fueron mis palabras tan llenas de odio por las noches que me pasaba sola, esperándote, llorando entre sábanas olvidadas de tus caricias…sabes que no era esa mi intención…Sólo el dolor dirigió mi corazón con el veneno de la lengua de doble filo…Llevo dos años sin saber de ti…estaba tranquila…De repente llegas a mi mente de nuevo…estoy sintiendo tu llamada desde los infiernos…mi infierno…el infierno que tengo en la cabeza ardiendo con las llamaradas de tus manos agarrándome los cabellos…¿Qué te pasa? ¿Dónde estás que tanto te oigo gritar? Estás luchando por tu vida…lo sé…algo en mi interior me dice que quieres mi perdón…Dime que sigues ahí…dímelo por Dios…no me hagas sufrir…Ha desaparecido del mapa…Lo he llamado por teléfono y el sonido es interminable…nadie acude…Le he escrito una carta de amor y no me ha contestado…Algo me hace pensar que no estás…pero sigues mi rastro en mi caminar…pues…No paro de verte en mi mente, es como si me pidieras ayuda…quizás estés en una dimensión transparente del más allá de la muerte…Creo que quiere comunicarse conmigo, no entiendo éste dilema que me trastorna…no estoy loca, lo sé, aunque muchas personas no me crean cuerda…Sabes muy bien que me hiciste daño y no estás tranquilo donde quiera que estés…No te preocupes mi amor, hace tiempo que te he perdonado…en mi corazón no existe el rencor…algo visceral sé que soy, pero una vez que echo los demonios fuera, se me pasa todo…No me escucha…pero sé que ya me has oído…Es insuperable el dolor que tengo en el alma por tu ausencia…No entiendo nada de lo que me pasa…fueron los besos más bellos y hermosos que sentí en mi cuerpo…en mi boca…traspasaron toda lógica…en aquél bar…escondidos tras la columna…Había un espejo enfrente y pude observar tu rostro junto a mí…Fue la pupila de mis ojos la que rescató nuestros besos apasionados y atrapó los sentimientos en un instante de resplandor…Los llevo grabado en la caverna de los espíritus errantes, allí donde se clavan los sentires…las penas…los deseos compartidos en un desliz de los tiempos equivocados, donde tú y yo navegamos a la contra de los amantes enamorados…



lunes, 5 de diciembre de 2016

QUE DIOS ME JUZGUE.- (MICRORRELATO)



¿Por qué lloras mujer? ¿Qué te pasa? Cuéntame de tu pena y llanto y ya verás que el dolor compartido no pesan tanto…¡Ay Dios mío! No sé qué hacer, me encuentro abatida, no sé qué hice mal…me duele el alma, tengo el corazón roto y hay días que la tristeza me supera… Los meses pasan y estoy en un constante sin vivir, pues desde que me separé, mi hija no me trae a las niñas para que las vea…Pero aquí estoy yo para cuando ella quiera, total no se lo tomo en cuenta, ¡qué le vamos a hacer! Espero que algún día recapacite y piense en el daño que me está haciendo y la perdonaré, soy su madre…Yo vivía en un pueblo de Sevilla precioso junto a mis padres y hermanas. Somos cinco chicas y dos chicos y siempre hemos estado muy unidos. Mis padres ya son mayores, pero aún se valen por sí mismos, además mis hermanas viven cerca de ellos, menos yo…Gracias a sus esfuerzos todas estudiamos y acabado buenas carreras. Siempre fuimos muy responsables. Yo estudié economía y desde que cumplí la mayoría de edad he trabajado y todavía sigo…qué sería de mí si no…Me casé con un muchacho muy majo, después de diez años de noviazgo. Nos conocimos en el instituto. Teníamos veinticinco años los dos, y juntos emprendimos la aventura de vivir en Algeciras, ya que tenía un hermano allí y lo animó para poner un negocio entre los dos, así que hice las maletas y allá que nos fuimos. Estaba tan enamorada que no veía más que por los ojos de él…El primer año de casada fue el más bonito de mi vida, y cuando nació nuestra primera hija nos volvimos locos de alegría…al siguiente año otra nena, y cuando menos lo esperaba, llegó el niño por sorpresa. Total que me junté con tres hijos, lo cual dio un giro de noventa grados a mi vida…A partir de entonces todo cambió para mí, o quizás es en la convivencia de una pareja cuando se trastoca la realidad…Mi realidad, porque mi marido, a pesar de ser un buen hombre, trabajador como nadie en el mundo, honrado y fiel esposo, sólo se dedicaba a trabajar para potenciar el negocio. Estaba desde que amanecía hasta que anochecía en su oficina, y cuando llegaba a casa era tan tarde que apenas teníamos vida de amantes, y menos de padre para sus hijos, pues mientras los niños eran chicos iba sola a todas partes. Jamás vino con nosotros a la playa, ni siquiera un domingo. No paseábamos nunca todos juntos…Si ya de muy jovencito era poco dado a los bailes, o estar en pandillas como todos los jóvenes de mi generación, ahora con los años peor. Era lo que se decían por entonces, un chico raro, y ahora aún más, y aunque no era una desgraciada en toda regla, tampoco me sentía feliz, y si no hubiera sido por los chicos no sé hasta dónde habría aguantado…Mis hijas estaban preciosas, sacaban buenas notas y el chico lo mismo. Por ese lado me sentía muy orgullosa y cuando ya no me necesitaban tanto, invertí en un hotel en pleno centro de la ciudad y poco a poco empecé a ganar un dinero y contraté a varias camareras de habitación…De esa manera me iba liberando un poco de mis preocupaciones y emociones, menos los fines de semanas que las chicas empezaron a salir con sus amigas y amigos, lo normal con esas edades tan bonitas y me encontraba muy sola. Jamás podría decir que nos faltara nada, pues económicamente todo iba viento en popa, además que también compartía una parte del negocio de mi marido y cuñado, y de ese modo íbamos marchando, en cambio mi matrimonio no tanto, pero me acostumbré a fuerza de años compartidos con un hombre que nació para trabajar, y se olvidó del amor…Así estuve durante más de veinte años hasta que enfermó…Fueron ocho años de entrar y salir del hospital, y la mayoría del tiempo que estaba en casa, en la cama. Lo cuidaba como si fuera un niño pequeño, estaba pendiente de las medicinas y de su cuerpo que tenía que hacerle todo…Tuvimos que dormir en camas separadas. Fueron diez años sin relaciones de marido y mujer y él cada vez más egoísta y caprichoso…Gracias a Dios, que después de varias operaciones fue reponiéndose, pues hubo varios momentos que creíamos que se le iba la vida…Durante toda su enfermedad, mis hijas se casaron, y me hicieron abuela de dos niñas preciosas la chica, y la mayor de un niño guapísimo, y mi hijo opositando para bombero. Me incorporé en mi trabajo, pues mientras cuidaba a mi marido, delegué un poco el cargo a mi primogénita, hoy en día mi mano derecha…Cuando mi marido sanó, de repente le cambió la mentalidad. Es posible que fuera porque se había visto en las puertas de la muerte, el caso es, que ahora sólo quería salir de noche y divertirse como si tuviera la edad de nuestro hijo…y ahí empezó el dilema…En un principio no me importaba demasiado, pero no es lo mismo tener cincuenta años que veinte y la verdad, a veces me molestaba esa música marchosa y ruidosa, así que en varias ocasiones le dije que se fuera solo. Otras veces cedía, pero siempre me sentía fuera de lugar, no estaba a gusto. En el fondo, pensaba que pronto se le pasaría, pues el pobre había padecido mucho durante tanto tiempo postrado en la cama. Creía que sería algo pasajero, pero no, todo lo contrario…Cambió tanto que parecía que estaba viviendo en un mundo surrealista…Empezamos a discutir todos los fines de semana, de tal manera que me dijo que me hiciera a la idea de que tenía dos jóvenes en casa. Entonces mi hijo tenía diecisiete años y él se sentía igual, con muchas ganas de salir y entrar…Mis hijas se compadecían de él, sobre todo la chica, que siempre me había visto una mujer fuerte, y a su padre el más débil, y ahora que parecía su hermano en vez de su padre, más, sobre todo, desde que lo vio tan enfermo…Así estuvimos cinco años, los peores de mi vida, hasta que de pronto, una noche que volvía de mi trabajo me dijo que cada uno por su lado…Y por eso estoy aquí…Se quedó con la casa que es enorme para él solo, y con todo lo que había en ella, comprado con nuestro sudor, menos la vajilla que me la habían regalado mis padres y demás familiares cuando nos casamos…Hice la maleta y me compré un apartamento y llevo viviendo sola dos años y sin salir a la calle, nada más que para mi trabajo... En estos momentos estamos de juicio, en un tira y afloja por los dichosos dineros. A mí me da igual que se haya quedado con el piso, pues al fin y al cabo, será para mis hijos que es lo que quiero más en éste mundo, lo demás no me importa. No quiero nada de la casa, sólo deseo vivir en paz, ya he sufrido bastante. Se me han pasado los mejores años de mi juventud criando a mis tres hijos sola, y aunque nunca nos ha faltado un plato de comida en la mesa, siempre hubo un vacío en mi interior…Lo mejor de nuestro matrimonio han sido mis tres hijos, que los adoro como sólo una madre siente en su corazón, y ahora tengo la pena más grande del mundo, y es la de no poder ver a mis nietas, ni abrazarlas, ni siquiera darle un beso de abuela…Mi hija lleva dos años sin mirarme a la cara y sin traerme a las niñas que las quiero con locura…Espero que algún día lo entienda y se dé cuenta de que no tengo la culpa de nada, pues aunque cuando me separé ya no estaba enamorada de su padre, me duele que sin haber terceras personas por parte de ninguno de los dos, ella siga pensando que yo tenía que seguir a su lado de cualquier manera, aguantar hasta que se le hubiera pasado la ventolera, y lo que nunca le he dicho, es que su padre me dijo que me fuera…Ella siempre me vio fuerte y a su padre débil…Estoy esperando el divorcio, y a Dios le pido cada día que me ayude y me de fuerzas para seguir adelante…Tengo la mirada triste. He estado encerrada en casa deprimida y llorando hasta ahora…Hace seis meses que una buena amiga vino a verme y sacarme de éste infierno. Gracias a ella me encuentro algo mejor. Ahora salgo, me arreglo más y de vez en cuando nos vamos al cine, otras veces a cenar y luego a bailar a salones para nuestra edad. Tengo cincuenta y cinco años y pienso pasar página, dar carpetazo, aunque soy ya bien mayorcita, tengo toda una vida por delante, y un buen hombre que me mira como a la mujer de sus sueños…Es un buen amigo que me aconseja y me está ayudando mucho a ver la vida de otra manera, que todo no se acaba con un divorcio, que eso es lo de menos…Sé que se está enamorando de mí, pero yo aún no estoy preparada para una nueva relación, y por eso he decidido echar mis lágrimas al viento y que Dios me juzgue…pues sólo Él podrá retenerme ya…



sábado, 3 de diciembre de 2016

AMOR DE MADRE Y AMANTE A LA VEZ.- (MICRORRELATO)




Me arrancaste la juventud de mi cuerpo…me llevaste por los caminos del infierno con tus palabras de fuego, me enamoraste los sentidos con las caricias de tus latidos, y poco a poco me aferré a tu cuello como serpiente a veneno…y ahora no puedo estar un solo día sin tus caricias, tus besos y que me digas…te quiero más que a mi vida… Y ahí empecé a navegar por caminos y senderos intransitables por mi pacata educación…quizás la generación aquella de esto no se hace, esto no se toca…mira que es pecado mortal y grave… Hoy me confieso ante ti, el Dios de mi credo, ese que está en el cielo, en el aire y en los árboles…Es la energía que me lleva a todas partes…He pecado contra la honra de mi generación, la disciplina, las normas establecidas por la sociedad…mis padres…hoy quiero plasmar aquí lo que hice, aunque jamás me arrepentiré,  pues todo fue por amor, hasta que me puso contra la espada y la pared…No me pongas a prueba mi amor, no me pidas tanto, mira que soy capaz de querer a dos hombres a la vez, pero no te conformas y quieres cada día más…Jamás sería feliz sabiendo del dolor de mis hijos, la madre es más fuerte que la mujer…Tampoco renunciaré a ti porque eres el motivo de mi vivir… Hay un vacío y unos desencuentros que me está corrompiendo por dentro, las espinas se me clavan hasta el mismísimo esternón y el pecho... quiero tener una cita contigo para que me aclares éste sentimiento... pues…Eres fuerte, lo sé, ¡vaya que lo sé! Estás disfrutando y sufriendo a la vez, sintiendo que me duele que no te pueda ver, eres así de mal nacido, ¡fíjate si te conozco! pero te digo una cosa, que luego no me pida explicaciones, que yo hago con mi vida lo que me da la gana, ¿te enteras? que para eso es mía…Siento que lloras mi ausencia, que estás tristes y decaído, lo sé, ¡vaya que lo sé! Que a mí tú no me engañas con ese porte de desinterés…pues…cada vez que te veo leo en tus ojos la duda pendiente de tus labios, que sin salir de tu garganta me habla…¿me quieres? Y yo que estoy tan dolida me hago la importante y desenvuelta mujer de mundo, te miro a los ojos con sorna y sigo adelante moviendo las caderas como una vampiresa…pero cuando no me ves…Siento un sonido en mi corazón que late al ritmo de mi dolor…dile que lo quieres, que lo extrañas, dile que aún no lo has olvidado, que tenga paciencia, que te espere, que ya mismo caerás rendida en sus brazos y le dirás…te quiero de aquí a la eternidad… Vengo toda rota de pena y el dolor me supera y ya no sé qué hacer para que vuelvas…pero que yo no voy a ir corriendo tras de ti como una mendiga, ¡eh! Que el amor no se mendiga…tú mismo me lo dijiste una vez, ¿te acuerdas? Que el amor se entrega con impaciencia, a deshoras y de cualquier manera…Esa manera tuya de apretarme la cintura con un brazo, mientras con el otro va escarbando por los bajos fondos…esa manera me descontrola los pensamientos, me descabella la melena, y me arrebata hasta los movimientos de las caderas…Apenas puedo llorar… no me quedan lágrimas…el sufrimiento ha hecho mella en mis ojos y los gestos de dolor se han adueñado de mi corazón…no quiero ser cómplice del llanto contenido ni me conformo en seguir esperando un milagro…tendré que buscar la manera de empezar de nuevo aunque me cueste lágrimas de sangre…Tengo rabia en mi cuerpo, los demonios me llevan a tu infierno, me has descontrolado los sentimientos, ¿por qué me tuviste que poner a prueba si sabes que te quería más que a mi vida? Soy así de controvertida, no puedo dejarlo como si fuera una desalmada, eso no va conmigo…No me pongas a prueba, por Dios, no me des a elegir, mira que yo puedo querer a dos personas a la vez…Él es mi marido y tú eres el arrope de mi ombligo, con él me acuesto todas las noches pensando en ti…contigo soy la mujer y se me desata la lengua, y con él la madre de sus hijos, y me escondo tras las palabras enmascaradas, pensando en tus manos entre las veredas de mi morada…Contigo me descarno al aire libre del sol…tu eres el sol que me calienta la desnudez de mi alma… pues…Me acostumbraste a escuchar tus susurros bajo la seda de mi tanga y sacaste a la luz a la hembra…desnudaste a la mujer que tenía escondida bajo llave y ahora quieres que te siga a todas partes…Esas partes ocultas tras los cristales de las redes sociales donde tú y yo nos conocimos por casualidad… Estaba casada…Él también…Somos dos almas perdidas entre las pasiones de los amantes, eternamente enamorados del amor en activo y presentes siempre, siempre…Somos maridos y mujer ante los ojos de Dios, y adúlteros ante la sociedad…y para ellos dos…Señor, hoy me postro ante ti y confieso mi verdad…tengo el corazón partido, lleno de dudas…a veces tranquilo y reposado…pues…Hay dos huecos en mi corazón lleno de amor…Amor de madre y amante a la vez que no se interfieren, cada uno va al latido de su son…no se tropiezan, no se molestan…son amores fuertes y muy diferentes…dame la clave para no hacer daño a nadie…pues…Me casé muy enamorada, y mientras los niños crecían se me iba la vida hasta que me di cuenta que ya no me decía palabras bonitas de amor…Sólo pensaba en trabajar y ganar mucho dinero, un rico empresario, y se olvidó de la mujer…y me enamoré…Lo mismo le pasaba a él…Estaba necesitado de pasión…la mía…Su mujer cayó enferma y siempre en silla de ruedas, sería injusto apartarlo de ella… Me acostumbraste a olvidarte, a perderte, ¡te odio! Te odio a muerte y ojalá te coman los celos por mí…y me fui caminando con las lágrimas en los ojos…Llevo más de dos años padeciendo, encerrada tras la puerta de mi casa, llorando como una magdalena y he decidido salir a la calle y encontrar un aliciente a mi vida…Tengo un amor escondido en mis sueños... y tengo que encontrarlo…tengo que atrapar en mis pensamientos aquellos besos que me gustaron tanto…pues…No quisiera pasarme la vida lamentándolo…para nada, que los amores traspasan laderas y montañas cuando son fuertes y enamorados…y yo te quiero, ¿te enteras? Te quiero como para estar contigo hasta que la muerte nos separe…o la vida…que la vida también separa a los amantes en el cuerpo…y en la carne…pero jamás en los suspiros…porque esos besos que tú y yo nos dimos, duraron lo que nuestras bocas se separaron en suspirar, que si no…nos hubiéramos hartado hasta la saciedad…y por eso sigo soñando con volverte a besar…y ahogarme contigo entre suspiros de ansiedad… Llegó tras de mí, me retuvo por la espalda, me rodeó el cuello con su abrazo sereno… me dejé caer sobre su pecho en silencio…sólo estábamos los dos en medio de la oscuridad de las escaleras y sin decir nada me volví y mirándolo a los ojos…lo besé con calma…como era él en su querer…callado, sin omitir palabras…no hacían faltas…tenía las manos llenas de fuego por acariciar mi cuerpo…y me abandoné echada sobre la pared…era su mirada triste…sus besos ardientes y suaves aterciopelaron mis caderas hasta que los suspiros salieron de mi pecho, y recorrieron sus latidos al momento…